Sucedió en el Congreso Imprimir

Nota de Ana FV, Médica de Familia de Málaga, tras su paso por el congreso...

EN EL MISMO LADO

Vine a Cádiz al congreso de la SAMFyC acompañando a los residentes de nuestro centro, que traían un montón de comunicaciones después de mucho esfuerzo (trabajo de campo, análisis estadístico, preparar la presentación en Power Point…) y con la ilusión de dar a conocer en un foro científico el fruto de ese trabajo colectivo. El viernes presentaba un taller sobre reagudización de EPOC. Era el debut de Laura, mi R1. Después de recoger la documentación, dejar las presentaciones y ver las salas, nos fuimos a almorzar. A las 15,30 comenzó la exposición de las comunicaciones.  Allí estábamos Laura, mi R1, Clara, la R4 y yo.

La primera comunicación presentada fue sobre cosas que “dejar de hacer”, en este caso, pruebas radiológicas, la oímos con interés. La segunda, sobre  satisfacción de los médicos con los contratos después de la residencia: las mujeres tenían contratos más inestables y hacían más pediatría que los hombres; éstos conseguían más interinidades y más contratos en DCCU y urgencias.

Ahí fue cuando empecé a sentir calor y le dije a las resis que me salía fuera. Clara, no sé por qué, guiada por una intuición que denota su inteligencia, salió detrás de mí sin yo verla siquiera.

Lo que sentí al salir fue como un trueno dentro del pecho que rompiera algo muy interior y casi me desmaya. En el vestíbulo no había nadie, todo el mundo estaba en las salas. Clara se acercó y, como buena profesional, descubrió en mi cara el desgarro que me cerraba el pecho y ya me iba a hacer vomitar. Me fui a una esquina para hacer más discretamente lo que mi cuerpo ya no podía controlar y mientras oí a Clara gritar: “vernies, aspirina, llamar al cero”….

Así fue como me puse al otro lado, el de paciente, y por la puerta grande, la de un infarto masivo que puedo contar gracias a unos excelentes profesionales, empezando por Clara, que supo detectar el problema y poner en marcha la cadena de la vida, a los compañeros del DCCU que acudieron con rapidez y activaron el protocolo, al cardiólogo de hemodinámica que ya me estaba esperando y realizó el cateterismo con una destreza sorprendente logrando liberar el cierre de mis coronarias y quitándome por fin ese dolor como un rayo que me rompía por dentro. Como paciente me sentí segura y “en buenas manos”, nunca mejor dicho.

Al salir para UCI, estaban allí mis compañeras del centro de salud ¡qué alegría verlas¡ y sentí la emoción de los pacientes al saber que no están solos cuando están enfermos. Entendí la importancia del contacto con familiares y amigos. En UCI, todos los pequeños detalles de buen hacer y cariño que recibí aminoraron la angustia de saberme en peligro y conjuraron el miedo. Luego en planta de cardiología, los cuidados de todos (auxiliares que te asean con cuidado, enfermeras pendientes de todos los detalles, médicos que guían tu recuperación…) te hacen apreciar la vida recuperada, la suerte de estar rodeada de tantas grandes personas, de practicar esta profesión que ahora aún me gusta más si cabe y de ser, por una vez (espero), PACIENTE, con mayúsculas.

Esta experiencia me ha permitido comprobar que médicos y pacientes, estamos al mismo lado, el de la lucha de todas las personas por mantener y mejorar sus vidas.

Médico de Familia, Cádiz, 28 de septiembre de 2017.