El espacio del usuario

Caos en Urgencias: “la verdad está ahí fuera”

Yesa Herrera J

Directivo de FACUA Andalucía

El colapso que, históricamente, padecen los dispositivos de urgencia tanto extra como hospitalarios que, indudablemente, se ha incrementado en los últimos años, no es más que un claro reflejo de las notables carencias, a todos los niveles del sistema sanitario público andaluz. Las urgencias han sido y siguen siendo cada vez más en el mar en el que desembocan todos los males e ineficiencias del sistema sanitario.

Los usuarios debemos ser conscientes cuando acudimos a estos dispositivos de atención que el problema de la saturación que se padece en los mismos no tiene su origen en la organización y prestación de estos servicios. Como he denunciado en otras ocasiones en esta misma publicación, la infrafinanciación que padece la sanidad pública andaluza afecta de especial manera a la atención primaria. Ante la falta de una respuesta adecuada a las necesidades de salud (principalmente, la demora en la atención en consulta por parte de los médicos de familia) la solución por la que se ven obligados a optar muchos usuarios es acudir al dispositivo de urgencias, aun siendo conocedores de que ni muchísimo menos le va a tocar al santo en cuanto se llegue, pero, en cualquier caso, siempre es mejor tener que esperar horas que días.

En apoyo de este argumento, y como considero que podrán corroborar los profesionales que prestan sus servicios en las unidades de urgencias, debemos recordar que un importante número de los usuarios que acuden a las mismas no requieren realmente este nivel de atención.

También incide de forma notoria en esta situación el pertinaz comportamiento de los rectores de la Consejería de Sanidad que por sistema ignoran los picos estacionales de demanda y operan con márgenes de ocupación que no contemplan la variabilidad real de las necesidades sanitarias.

¿Nos encontramos ante un mal endémico del sistema? Podría ser, pero, en cualquier caso, no ante un problema de imposible solución. Como ante todo problema complejo, es preciso adoptar un enfoque integral y coordinado, cuyo primer paso, imprescindible, fundamental, es el refuerzo de la Atención Primaria. Dotarla de más personal y recursos permitiría una mayor capacidad de resolución, mejor atención domiciliaria y una labor de prevención que racionalice el uso del sistema.

Sin duda alguna, la reducción de listas de espera tanto de asistencia especializada como de pruebas diagnósticas e intervenciones supondría una reducción drástica del número de usuarios que acuden para ser atendidos “de urgencia”. Asimismo, deberían potenciarse los centros de cuidados continuados para aquellos enfermos agudos que requieran atención profesional pero no tratamiento hospitalario.

Por lo tanto, parafraseando la introducción de la memorable serie de televisión Expediente X, “la verdad está ahí afuera”. Con independencia de ello, es evidente que deben implementarse mejoras en el propio servicio de urgencias. Dejando de lado que haya acudido o no con una causa justificada, es impresentable que un usuario tenga que esperar más de 4 horas para ser atendidos como con frecuencia denunciamos.

En conclusión, es posible solucionar el sempiterno colapso de las urgencias, pero ello exige la colaboración estrecha entre profesionales, ciudadanía y la administración sanitaria y, sobre todo, requiere de voluntad política.